Y mis ojos se llenaron de ceniza

i,ii,iii, iv,v

i.

Y mis ojos se llenaron de ceniza. Mi boca se lleno de ceniza. Mis oídos se llenaron de ceniza. Y mis sueños se convirtieron en ceniza y todas mis esperanzas, todas mis angustias, todos mis dolores se convirtieron en ceniza. Porque llego Discordia y me eligió como su profeta, puso su dedo en mi frente y por un segundo atisbé el Corazón del Caos.

Perdí mi nombre, mi historia y me convertí en testigo fiel de su trayecto; su sombra, su sirviente, su escriba. Pasó su dedo sobre mis ojos y perdí la capacidad de ver color. Pasó su mano por mis labios y perdí la capacidad de pronunciar cualquier otra palabra que su nombre. Puso su dedo sobre mi corazón y la angustia que en el habitaba, se desvaneció.

Me dijo sígueme. Y abandoné mi vida para caminar sobre sus pasos

Me dijo cree en mi. Y abandoné mi mente para adorar la suya.

Me dijo ámame. Y abandoné mi alma en sus manos. iiii

Pero el sol siguió saliendo, el mundo siguió girando; las estaciones se suceden unas a otras; el ciclo interminable de la vida no paró jamás aunque Discordia me cobija ahora bajo su manto. Porque yo soy su profeta y su andar es mi vida. Y aunque esta es mi voz, estas son sus palabras.

ii.

Al principio no había, no era, no razonaba. Dios hizo lo que debía hacer y separo la Materia del Caos. De esa grieta quedó una semilla, mitad y mitad, incomprensible e imposible en su naturaleza; porque ambas partes son opuestos. La semilla flotaba en la nada y Dios le sonrió y se sintió complacido, porque la semilla era buena, pero no era; casi no era, pero podía ser. Y decidió crear un mundo y plantar en el la semilla.

La tierra era buena, y la semilla salió de si misma. Las raíces nacieron y se regocijaron del mundo que les había sido entregado. Pero el Caos y la Materia se fracturaban, la simiente no podía crecer y se dio cuenta que pronto su tiempo pasaría, porque gestaba dentro de si cosas imposibles; el futuro y el pasado se enredaban lascivamente en su vientre. Entonces la semilla decidió quemar su tiempo para dejar una huella.

Tres veces tres dejo la semilla pasar en tiempo. Tres veces tres reflexionó. Y cuando la primera hoja asomó sobre la tierra, la semilla explotó en el mundo, dejando libre su imposibilidad. Y la incongruencia que se gestaba dentro de ella escapó explotando en el misterio. El germen de una conciencia quedó flotando entre los restos del mundo.

Y se alimentó de los despojos, creciendo; de talante masculino, con entrepiernas lisas y corazón femenino. Definiéndose su apetito de mamífero y los anhelos de reptil. De piel que hierve y sangre fría.

Entonces sintió la furia de Dios y no fue aniquilado. Y la duda se enquistó en su corazón. El rencor buscó lugar en su alma, ya que no se sabía culpable. La tristeza acarició su mente y la melancolía conquistó su ser. Dios le dio la espalda y lo apartó de su luz. En una condena sin voz, con el Universo por testigo, lo condenó a vagar; a recorrer el mundo de los hombres porque su semilla, no dispersa, destruyó su propio mundo.

Pero antes de abandonarlo, desnudo y tembloroso; Dios sintió lástima, porque después de todo, Él así lo había previsto. Y le dio un nombre: Discordia, para que los hombres pudieran pronunciarlo entre susurros. Y no lo dejó solo, el polvo estelar que quedó de su mundo muerto fue dividido en dos, izquierda y derecha, norte y sur, hombre y mujer; los dos totales que jamás sería. En aquel momento Dios retiró Su Mirada de ellos, porque los tres estaban solos y los apartó de Su Amor y en ese instante verdaderamente sintieron el dolor.

Ella busco refugio en el mar, pero este la rechazó y los árboles la protegieron; las plantas acariciaron sus pies y las hojas del otoño sus mejillas. Ella se escondió en el vientre de la tierra, entre las raíces del futuro y cada planta se nutrió de su sangre.

El abrazó el polvo, pero la tierra lo rechazó y las bestias lo protegieron; las de sangre caliente velaron su sueño y las del aire guiaron sus pasos. Todos los seres, grandes y pequeños, que reptan, que chillan y que rugen; todos, uno a uno, le susurraron su nombre al oído.

Y Discordia se halló entonces caminando en el mundo de los hombres. Descalzo y ciego recorrió días y noches, hasta que la encontró y la llamó por su nombre: Decadencia. La tomó de la mano y ella aceptó seguirlo.

Juntos caminaron muchos días y muchas noches, hasta que lo encontraron y le llamaron por su nombre: Desolación. Y supieron que eran tres de la misma forma que se es uno.

Aquel entonces, el mundo era frío y claro, como una mañana de invierno. Los hombres no eran muchos y las bestias recorrían el mundo a su antojo. Discordia, Desolación y Decadencia se apartaron de la vista de hombre y bestia, librando al mundo de la herida de sus huellas. Y por todo ese tiempo, por guerras, matanzas y hecatombes, los tres fueron testigos silenciosos; esperando hasta que fuese el momento de cumplir su cometido.

iii.

En esas mañanas poco frecuentes, que recuerdan el agua que brota fresca de la tierra, Discordia llora. Lagrimas de ceniza y sangre manchan su rostro cada vez que enfrenta lo que habrá de hacer.

Y yo sé que lo teme. No al dolor, tampoco a la soledad. Sé que lamenta ser la espada de un Dios que lo apartó, que resiente cumplir el cometido de Aquel que lo abandonó, que lo apartó de Su Luz. Pero no puede hacer nada, porque el día esta próximo y los signos se leen en el aire, en el agua, en la caída de las hojas en otoño, en el polvo de los caminos, en la risa de los infantes y los susurros de las bestias.

Los signos están cerca. Lo sé, lo lamento, en verdad lo lamento; porque será mi voz quien cante el final, si bien las palabras sean las de mi señor. Porque serán mis ojos los que verán la tierra herida, si bien la venganza será de otros. Porque serán mis manos las que se mancharan de sangre y en ese caso la culpa si será mía.

A veces, solo a veces, me dan ganas de huir y abandonarlo. Pero tantos siglos, tantas noches, tantos momentos que se perderían; porque soy el único testigo; porque soy aquella que teje el verso que dictan sus pasos; porque soy yo quien lee los secretos que intercambian con las miradas; porque soy yo quien sabe lo que sufren cuando están solos. Soy yo quien recoge las piezas de sus espíritus rotos.

No puedo dejarle. He jurado seguirle. He abandonado mi nombre, mi ser y mi alma.

No habrá quién sofoque la tormenta en su pecho si me alejo, no porque sea su paz, sino porque mi voz es el escape de su angustia.

En el momento que le deje, como escarcha en primavera, espuma de mar; como el resplandor en las mejillas de las jóvenes, habré de desaparecer; entonces seré solo nada, polvo, ceniza, viento; pero no habrá quien haga el recuento de su paso.

¿Quién entonces dará fe de su sacrificio? Nadie levantará la mano para defenderle cuando las mentiras le destrocen; ¿acaso alguno de los hombres verá la injusticia que se aproxima?, ninguno, en verdad nadie podrá ver la carga tan pesada que lleva sobre sus hombros. Si lo abandono ahora, toda la tragedia será en vano.

iv.

Y cada vez que duermo, Discordia toca con un dedo mi frente, entonces sueño con su voz y despierto entre lágrimas para escribir lo que he visto:

Y los Niños del Silicio se levantaran de las cenizas de una civilización rota, y su boca estará llena de ceniza, y sus ojos estarán cegados por la ceniza, y su cara estará manchada de ceniza, y entonces lloraran y se lamentaran.”

Y se vera en el cielo el rastro de sangre, pero ya será demasiado tarde, porque Discordia habrá llegado.”

Y su fuerza se sentirá en todos, incluso en aquellos que se ocultan y su nombre temblara en todos los labios; pero de nada valdrán las lagrimas, porque Discordia extenderá su manto sobre la tierra y todos aquellos que alguna vez temieron, sentirán el verdadero miedo en sus entrañas.”

Entonces Discordia descendió a la tierra; en su manto, todas las penas del mundo estaban bordadas. Los Niños del Silicio subieron la mirada al cielo y sollozaron, porque fue claro que el momento había llegado.”

Tras los pasos de Discordia viene Decadencia y viene Desolación. Y sus miradas recorren los despojos del mundo y se dan cuenta que su tiempo es exacto y su venida ha sido anunciada.”

“Lagrimas en vano correrán y aquellos que más se lamentan lloraran sangre, pero todo será inútil, porque los tres ya recorren la tierra y sus huellas son de sal, porque extienden las manos, para sentir el sufrimiento y compartirlo, y todo se vuelve ceniza; porque cargan en el corazón el deber de rectificar el rumbo de los perdidos y sobre sus hombros pesa la responsabilidad de purgar los errores milenarios para remover la nueva tierra donde han de plantar la semilla del futuro.”

Y removerán los restos desperados, para encontrar una brasa entre las cenizas, pero será en vano; porque entre los despojos no quedará nada. Lastimarán sus manos hurgando en la inmundicia, pero no hay nada ahí para ser encontrado.”

Porque sus corazones se han enquistado, con envidia, con egoísmo, con avaricia; y se aislaron del mundo, en ese extraño fervor por si mismos.”

Ahora que tienen la necesidad de sentir, no hay nada ahí para ellos, porque los impulsos del mundo no traspasaron esa coraza ósea y feroz. Y sufren, porque ese espacio entre corazón y coraza se llenó de angustia. Y lloran porque saben que ya es demasiado tarde.”

Pero la carga no es ligera, en los rostros de los tres se ve el dolor y sus huellas serán de sal y la tierra las abrazará humeantes.”

La luna desaparecerá, dejando una mancha de sangre en el cielo, y entonces el sol por vergüenza no saldrá, y  las nubes se alejaran del cielo, y la lluvia y el viento y la nieve se esfumarán, y sobre la tierra dura y árida solo caminaran los hombres y sabrán que no ha terminado.”

Y pedirán morir, pero también la muerte se habrá retirado, y solo aquellos que descansan en la eternidad con la conciencia tranquila podrán seguir durmiendo, y el resto habrán de levantarse y recorrer la tierra, para reconocer en ella las heridas que han causado”

Entonces despierto entre gritos, as imágenes, fijas en mi retina, como marcadas con fuego. Las voces, los gritos, todo encerrado dentro de mí. Y debo descifrarlo, como un macabro rompecabezas, pieza a pieza debo de construir la historia como debe de ser.

Puesto que la verdad de mis palabras no será comprobada, hasta que mis huesos sean polvo; no tengo otra opción más que dejar este testimonio fiel.

Porque yo soy la profeta sin nombre, la que le sigue, la que le adora.

v.

Es verdad, tiempo atrás tuve un nombre. Tuve una voz. Amé y fui amada. Pero ahora son imágenes que se desdibujan, como sangre que se diluye en agua. Y cuando hago recuento de las cicatrices, de todas las huellas sobre mi cuerpo, recuerdo; solo entonces recuerdo.

Cómo evitar ser consumida por su fuego, si Discordia se enciende en llamas, ¿no debo de arder?, Porque poco me depara el futuro fuera de su protección; estas manos que el tiempo no ha llenado de gusanos se desharán en polvo tan pronto la luz de sus ojos no se pose sobre mí. ¿Acaso no debo de seguir sus pasos y correr su misma suerte?

 

Alma Banuelos, 2007